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Nuestro deber para con nuestros hijos y demás jóvenes en la iglesia


jov1 En este mundo de pecado, con sus muchos y atractivos colores que sirven de trampas puestas por el diablo, nuestros jóvenes se pueden llegar a perder eternamente. Me pregunto ¿cuántos padres tomamos en serio esto?

He oído decir a padres cristianos respecto a sus hijos jóvenes, algunos de estos jóvenes son cristianos, que “ellos tienen derecho a divertirse”, Bueno, muchos padres cristianos no entienden al parecer (1 Pedro 2:11,16;  Rom 8:13).

Claro que no hay problema con la sana diversión, ni con los buenos amigos, pero los malas amistades corrompen las buenas costumbres (1 Corintios 15:33), y para los cristianos en este mundo, no hay mucho espacio para sana diversión, ni muchos buenos amigos, por eso cantamos “NO PUEDE EL MUNDO SER MI HOGAR”. Esto debe enseñarnos a todos, el sumo cuidado que se debe tener con la diversión y las amistades.

Nuestros jóvenes necesitan ser instruidos en la voluntad y conocimiento de Dios, no solamente, para que sean excelentes y útiles personas en la sociedad en la cual ellos viven, sino también; que lo sean en la iglesia del Señor, y para que tengan bienestar en sus vidas tanto aquí en este mundo, como en la eternidad.

Muchos Padres de familia podemos estar enfrascados en la preparación secular de los jóvenes, tanto así, que olvidamos el prepararles para sus vida en la eternidad.

Depende mucho de nosotros, el que los jóvenes puedan escoger siempre lo mejor, y nosotros estamos persuadidos de cuales son las cosas mejores (Heb 6:9),  por lo tanto debemos; no solamente los padres, sino también; los demás hombres y mujeres de mayor edad que ellos, en la iglesia, el ser siempre buenos ejemplos para ellos. Los jóvenes necesitan ver en nosotros cuanto amamos a Dios, y  lo tanto que aborrecemos el pecado, necesitan ver que somos buenos, generosos y amables para con todos, y que no existe para nosotros; nada más importante que nuestra buena relación con Dios. Ellos necesitan ver en todo tiempo y circunstancia nuestra, nuestra fidelidad a Dios, nuestra perseverancia en la fe que es en Cristo, y la seriedad con que tomamos los asuntos y compromisos en la iglesia del Señor, a fin de que ellos en todo, sean también así.

Es necesario, no el imponerles, sino el motivarles a confiar en Dios y a serle obedientes, al mostrarles con nuestras vidas, nuestra plena confianza en Dios, y nuestra humilde obediencia en todo, al Señor de Señores, y Rey de Reyes, Jesucristo.

Debemos estar seriamente comprometidos en aconsejarles con paciencia, y con todo el consejo de Dios (Hechos 20:20), para que con inteligencia, ellos siempre tomen buenas decisiones, pues si ellos siguen los impulsos de su corazón, y actúan conforme al estímulo de sus ojos, habrán consecuencias lamentables (Ecle. 11:9), es necesario aconsejarles a que con conocimiento de la voluntad de Dios, tomen decisiones, aunque nos parezca muy difícil lograrlo. No debemos enseñar a ellos a tomar "nuestras decisiones", sino a que ellos aprendan a tomar con sabiduría sus propias decisiones (Filp 1:9,10).

No tratemos de evadir nuestra responsabilidad para con nuestro hijos y demás jóvenes en la iglesia del Señor, ni tratemos de justificarnos por no estar asumiendo lo que nos corresponde hacer, debemos darnos por entendidos, que ninguna justificación que tratemos de presentar por nuestra falta, en relación a nuestro deber para con los jóvenes, será de valor delante de Dios.  

Nuestro deber es ser siempre ejemplo a ellos, nuestro deber es serles modelo de fe, de conducta y amor, para que ellos puedan ser buenos siervos de Cristo.

Realmente vale la pena el esfuerzo, realmente vale la pena no dejarlos en manos del diablo.

 

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