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Dios nos ama de tal manera

(Juan 3:16)

Basaremos nuestro estudio en el evangelio de Juan 3.16.

El ser humano no es solamente materia, si nuestra existencia se resumiera a este mundo, pues ¿que necesidad hubiera de discutir, estudiar y querer saber de Dios, si estamos limitados a vivir esta vida y ha dejar de existir? Si esto es así, entonces pues, comamos y bebamos que mañana moriremos (1 Corintios 15:32). Pero si Dios existe y nos ha de juzgar, conviene pues saber de él y de su voluntad.

En el presente artículo deseo expresar primeramente el amor que imerecidamente recibimos todos los seres humanos de Dios, la prueba de ese amor y si es o no condicional.

El apóstol Juan, registra estas palabras de Jesús en su evangelio. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Consideremos algunas de las cosas que podemos aprender de este maravilloso pasaje de la Biblia:


I - Juan 3:16, afirma que Dios existe. La Biblia no es un libro en el cual se encuentren esfuerzos que intentan demostrar que Dios existe, simplemente lo afirma. El apóstol Pablo dice: “porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. (Romanos 2:19,20). El ser humano no tiene excusa ante Dios aduciendo que ignoraba de su existencia y desconocimiento de lo que él es.

Por más que muchos se esfuercen en negar la existencia de Dios, y cierren sus ojos ante las evidencias que Dios les ha dado para conocerle, realmente no pueden escapar de la realidad de su existencia. El solo hecho de saber que Dios existe, preocupa a quienes no quieren dar cuenta a nadie de nada. Si Dios existe y nos a creado, entonces él es quien establece las reglas que el hombre debe seguir ¿Cuántos estarán dispuesto a aceptar esta realidad?.

Dios creó el mar y hasta a él mismo le ha puesto limites, y el mar no los pasará, (Prov. 8:29; Job 38:11). En lugar pues de negar su existencia deberíamos hacer mejores esfuerzos en conocerle y someternos a su voluntad.
Pero a Dios no le podemos conocer por medio de nuestra propia sabiduría, la sabiduría humana ha fallado miserablemente en cuanto esto (1 Corintios 2:1-8).

Claro es que hay una sabiduría por medio de la cual podemos llegar al conocimiento de Dios y de su voluntad y de todo lo que él desea concedernos, pero lamentablemente el mundo la ha rechazado. Esa sabiduría verdadera por medio de la cual el ser humano puede conocer a Dios, fue revelada a los apóstoles de Cristo por el Espíritu de Dios (1 Corintios 2:9-13) Esa sabiduría de Dios es la que tenemos hoy en las páginas del Nuevo Testamento.

En cuanto a esto, el mismo apóstol Pablo escribió a los Efesios diciendo “Leyendo lo cual podéis entender” (Efesios 3:4).

II- Juan 3:16, nos enseña diciendo que Dios nos ama y que ha dado la prueba de ese amor. Jesús dice “de tal manera” a fin de expresar que el amor de Dios no es un amor empequeñecido ni limitado. La palabra “amó” en Juan 3:16, viene del griego agapao que se refiere al amor inteligente que actúa siempre en beneficio de los demás. Pero debemos notar que los que son objetos del amor de Dios, no son dignos de él, y basta el considerar lo que dice Pablo a los Romanos "Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." (Romanos 5.6-8).

¿Quién estaría dispuesto a morir por el malo? Nos sacrificamos solamente por aquellos que a nuestros ojos valen la pena, pero no por alguien que a nuestros ojos no se lo merece. La prueba del amor de Dios es que él ha dado a su amado hijo en sacrificio por quienes no lo merecemos y Cristo quien nos ama de igual manera murió por nosotros. Pero nosotros no somos dignos de ese amor porque somos impíos y pecadores.

No importa cuales sean nuestros pecados, Dios nos ama, no importa si se es un ladrón, o un borracho, o un homosexual, o un criminal y abusador, o si se es un mentiroso, o un fornicario, o un maldiciente, o un adultero, o si se es un difamador, o un estafador, para una lista de pecados véanse los siguientes Textos (Marcos 7:21-23; Romanos 2.21-32; 1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:19-21; 1 Timoteo 1:9-10). no importa de cuales de todos estos pecado seamos responsables, Dios nos ama y lo ha demostrado.

III- Juan 3:16, enseña que Dios ha dado a su hijo con un propósito. y ese propósito es “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. La paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23). Esta es una verdad que el hombre debe reconocer. No obstante Dios en su buena voluntad para con nosotros, no quiere que suframos las consecuencias desastrosas del pecado, es por eso que ha dado a su hijo en sacrificio para que por medio de él, el ser humano perdido en el pecado y condenado a muerte llegue a tener vida eterna.

IV- Juan 3:16 nos enseña que el amor de Dios no es incondicional. No confundamos amor inmerecido, con amor incondicional. El amor de Dios es condicional. Juan 3.16 nos dice cual es la condición de Dios, esa condición es llegar a creer en su hijo, Jesús dice, “para que todo aquel que en él cree...” Dios no hace acepción de personas, es por eso que dice “para que todo aquel”, todo aquel que llegue pues, a creer en Cristo, recibirá los beneficios del amor de Dios. Pero ¿que del que se rehusa a creer en Cristo? Jesús mismo da la respuesta él dice “... no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

Pero el creer en Cristo, no es solamente un aceptación mental de que él existe y nos ama. El creer en Cristo implica obediencia. Creer significa confianza plena, pero esa clase de confianza que nos impulsa a obedecer, que nos mueve a poner en práctica lo mandado. El creer es por lo tanto un compromiso con Cristo de fidelidad y obediencia porque se está seguro de quien es él. El escritor a los Hebreos dice muy claramente que Cristo es autor de eterna salvación para todos los que le obedecen (Hebreo 5:9). El mismo Jesús hace guardar silencio a quienes dicen “Señor, Señor”, pero que no hacen como él les manda (Lucas 6:46)

¿Cuál es la voluntad de Cristo para con el pecador que se arrepiente? Bueno, consideremos por ejemplo Juan cap. 8, el caso de la mujer sorprendida en el acto mismos del adulterio. Los escribas y fariseos trajeron ante Jesús a una mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio diciéndole que en la ley de Moisés estaba escrito lo que se debía hacer con tales mujeres, parecían muy justos, pero ¿Por qué no trajeron al hombre también? Obviamente ellos no se acercaron a Jesús con este caso con las mejores intenciones (8:6). Pero vemos que no pudieron salirse con la suya, como ellos insisten en el asunto entonces Jesús les dice “el que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. E inclinándose de nuevo hacía el suelo siguió escribiendo en tierra con el dedo. Ellos se sintieron acusados por sus conciencias y se fueron yendo de uno en uno, hasta quedar sólo Jesús y la mujer. Según la ley de Moisés los testigos debían ser los primeros en tirar la piedra y después el resto del pueblo (Deuteronomio 17:7), pero los tales debían estar exentos de pecados que merecieran el mismo castigo. Pero siendo todos culpables de pecados que les condenaban a muerte, obviamente se retiran. Ahora bien, con la respuesta de Jesús queda expuesta la hipocresía de estos líderes religiosos, pero no desaprobó la ley, noten que dijo “arrojar la piedra contra ella”.

Así es la hipocresía de muchos religiosos hoy en día, que condenan lo que ellos mismos practican, padres de familia que castigan severamente a sus hijos por las mismas cosas que ellos practican (Consideren Romanos 2:21). Pero también están los que hacen mal uso de este texto para tratar de justificarse de sus pecados, creen y dicen “ni Jesús me condena ¿Quién es usted para hacerlo?” Y así poder seguir adelante en la práctica de su pecado.

Pero vayamos notando que la narración no termina en el versículo 9. continúa en los versículos 10 y 11. Jesús enderezándose y no viendo a nadie le pregunta a la mujer ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?, Ella dijo: ninguno, Señor. (Noten que ella le llamó “Señor”) la mujer estaba arrepentida, no salio huyendo del lugar, se quedó. Los acusadores y ejecutores ya se habían ido, asunto entonces terminado, y Jesús, no siendo testigo del asunto le dijo “ni yo te condeno; vete y no peques más”. Esta parte es la que no quieren citar aquellos que se quieren justificar y así continuar siendo borrachos, ladrones, adúlteros, mentirosos etc.
Jesús da a esta mujer arrepentida una oportunidad, pero le manda diciendo “no peques más”. ¿Quién no ha necesitado una segunda oportunidad? (Luc. 22:30, 31; 2 Sam. 12:13; 2 Crón. 33:12, 13).
Si Jesús es Señor, entonces debemos reconocer que es él quien manda al pecador arrepentido, diciéndole “no peques más”. Así pues el que hurtaba, no hurte más, el que es borracho, deje pues la borrachera, el que es homosexual deje de ser homosexual, el que es difamador deje de ser difamador. ¿Quién lo dice? Lo dice Cristo, el Señor, al decir “no peques más”.

Jesús amaba a esta mujer que en verdad era pecadora, y condenada a muerte, pero él la salva del pecado y de la condenación, y en su amor le manda diciendo “no peques más”.

Antes de irse al cielo Jesús se reunió con sus apóstoles y les comisionó a ir por todo el mundo con el mensaje de salvación, y les dijo que se predicase en su nombre el arrepentimiento para el perdón de los pecados (Lucas 24:47). ¿Cómo se le puede llamar a las personas al arrepentimiento sin el hacerles mención de los pecados?
Luego en Marcos se registra más de esta comisión, y dice: “el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. (Marcos 16:16).

El mandato de Cristo a todos los pecadores que le quieren por Señor, es que crean en el evangelio, que se arrepientan de sus pecados y sean bautizados para que Dios les perdone de sus pecados. Obviamente los que aman más las tinieblas que la luz no querrán venir a la luz (Juan 3:17,18).

V- Juan 3:16, nos enseña que habrá entonces perdición. ¿Quiénes serán perdidos? Los que no obedezcan a Cristo, el Hijo de Dios. Esto no es la opinión de un predicador mediocre, que apenas se interna en algunas cosas de la Biblia, es la enseñanza de Jesucristo mismo, y él, no es cualquier predicador mediocre, es el mismísimo Hijo de Dios, por medio de quien ha venido la gracia y la verdad (Juan 1:17,18). O le seguimos a él como Señor o le rechazamos, nadie es forzado a aceptar el amor divino, pero no debemos olvidar que la paga del pecado es muerte. (Léase con cuidado Mateo 11:25-30; Juan 3; Romanos 1:18-32; Romanos 2:5-11)

Así pues, aprendemos de Juan 3 :16, Que hay un Dios que nos ama, que lo ha demostrado, pero que su amor es condicional, y que sólo aquellos que acepten las condiciones puestas por él podrán alcanzar los beneficios de su amor (considere Juan 3:14,15).


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